Esta temporada, Georges y Jad Hobeika —padre e hijo— centran su atención en todo el espectro de la expresión femenina, negándose a definirla mediante una silueta única. La colección recorre una gama deliberada: de lo oscuro a lo luminoso, de la energía masculina a su contraparte más fluida y transparente, abarcando todos los matices intermedios. Lejos de limitarse a una sola identidad, la propuesta abraza múltiples facetas y celebra la diversidad de las mujeres que rodean a la Maison a diario: mujeres intrépidas, tiernas y, en ocasiones, de una fortaleza inquebrantable, que jamás se dejan encasillar en una única idea de feminidad.

Esta temporada, la Maison explora nuevos territorios y una fantasía más audaz. La estructura se disuelve gradualmente en fluidez a medida que la mirada recorre la colección; los drapeados se abren para revelar transparencias y los volúmenes transitan del rigor arquitectónico a una suavidad casi líquida. Se incorporan nuevos materiales al vocabulario de Hobeika, como el satén brocado y una malla de guipur que reinterpreta el encaje característico de la firma con un enfoque más gráfico. Un tejido estampado combina dos técnicas en una misma prenda: una mitad presenta un acabado de muselina tejida, mientras que la otra ofrece un acabado satinado. El bordado floral —sello distintivo y magistral de la Maison— se reinventa esta temporada sobre superficies inesperadas, experimentando directamente con tejidos estampados.

Los accesorios tejen un fuerte hilo simbólico a lo largo de la colección. El ciervo, presente en gemelos, pendientes y bolsos, encarna a la vez delicadeza y fortaleza; es un símbolo de renovación y gracia, que une la ternura de una cría con el poder sereno de la madre. Un ciervo acunado en un abrazo evoca maternidad y protección.

La belleza recompensa la quietud: se desvanece ante el más leve movimiento y solo se revela plenamente a quienes permanecen anclados en el presente.

