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El acortamiento de los telómeros protege contra el cáncer

A medida que pasa el tiempo, las puntas de los cromosomas, llamadas telómeros, se acortan. Este proceso ha sido visto durante mucho tiempo como un efecto secundario no deseado del envejecimiento, pero un estudio reciente muestra que, de hecho, es bueno para las personas.

Los nuevos resultados del laboratorio de Tiita De Lange proporcionan la primera evidencia de que el acortamiento de los telómeros ayuda a prevenir el cáncer en humanos, probablemente debido a su poder para reducir la división celular. Publicado en eLife, los hallazgos se obtuvieron analizando mutaciones en familias con antecedentes de cáncer excepcionales, y presentan la respuesta a una pregunta de hace décadas sobre la relación entre los telómeros y el cáncer.

En las células madre, incluidas las que generan óvulos y espermatozoides, los telómeros son mantenidos por la telomerasa, una enzima que agrega ADN telomérico a los extremos de los cromosomas. Sin embargo, la telomerasa no está presente en las células humanas normales, razón por la cual sus telómeros se marchitan. Este programa de acortamiento de telómeros limita el número de divisiones de células humanas normales a aproximadamente 50.

La idea de que el acortamiento de los telómeros podría ser parte de la defensa del cuerpo contra el cáncer se propuso por primera vez hace décadas. Una vez que una célula tumoral en etapa temprana se ha dividido 50 veces, los científicos imaginaron que el agotamiento de la reserva de telómeros bloquearía el desarrollo del cáncer. Solo aquellos cánceres que logran activar la telomerasa romperían esta barrera.

Las observaciones clínicas parecían apoyar esta hipótesis. Además, los experimentos con ratones demostraron que acortar los telómeros puede proteger contra el cáncer. No obstante, la evidencia del sistema supresor de tumores de los telómeros siguió siendo esquiva durante las últimas dos décadas, y su existencia en humanos siguió siendo controvertida.

La vía del supresor de tumores de telómeros sólo puede funcionar si nacemos con telómeros de la longitud adecuada; si los telómeros son demasiado largos, la reserva de telómeros no se agotaría a tiempo para detener el desarrollo del cáncer. Los telómeros más largos proporcionarán a las células cancerosas divisiones adicionales durante las cuales las mutaciones pueden introducirse en el código genético, incluidas las mutaciones que activan la telomerasa.

Durante décadas, el laboratorio de Tiita De Lange, profesora en la Universidad de Rockefeller y quien ha estado estudiando el complejo proceso mediante el cual se regulan los telómeros. Ella y otros identificaron un conjunto de proteínas que pueden limitar la longitud de los telómeros en células humanas cultivadas, entre ellas una proteína llamada TIN2. Cuando se inhibe TIN2, la telomerasa se vuelve salvaje y alarga demasiado los telómeros. Pero no se sabía si TIN2 también regulaba la longitud de los telómeros al nacer.

El estancamiento en el supresor de tumores de telómeros continuó hasta que los médicos del Centro Médico de la Universidad de Radboud en Holanda se comunicaron con De Lange sobre varias familias propensas al cáncer. Los médicos encontraron que estas familias tenían mutaciones en TINF2, el gen que codifica la proteína TIN2 que es fundamental para controlar la longitud de los telómeros. Fue entonces cuando le pidieron a De Lange que interviniera.

Isabelle Schmutz, becaria postdoctoral de Women & Science en el laboratorio de Lange, utilizó la tecnología de edición de genes CRISPR para diseñar células con exactamente las mismas mutaciones que las observadas en las familias holandesas y examinó las células mutantes resultantes. Descubrió que las células mutantes tenían telómeros completamente funcionales y no tenían inestabilidad genómica. Eran, a todos los efectos, células sanas normales.

Más información: Universidad de Rockefeller

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